Un aniversario amargo para la tauromaquia marca el fin de la sangre en la Monumental de Ciudad de México

El 5 de febrero, la Plaza Monumental de Ciudad de México cumple 80 años desde su inauguración, pero por primera vez en su historia, este hito no se celebrará con las corridas sangrientas que marcaron ocho décadas de explotación animal.

04 febrero 2026
CDMX, México.

El 5 de febrero de 1946, la Plaza Monumental de Ciudad de México —oficialmente conocida como Plaza México— abrió sus puertas con una corrida que reunió a más de 50.000 aficionados. Luis Castro "El Soldado", Manuel Rodríguez "Manolete" y Luis Procuna torearon seis animales de la ganadería San Mateo en lo que fue celebrado como la inauguración de la plaza de toros más grande del mundo. Ochenta años después, el 5 de febrero de 2026, este aniversario llega cargado de un significado radicalmente distinto.

El 18 de marzo de 2025, el Congreso de la Ciudad de México aprobó con 61 votos a favor y uno en contra la reforma que prohíbe las corridas de toros con violencia en la capital. La legislación, impulsada por una iniciativa ciudadana con más de 27.400 firmas y respaldada por la jefa de Gobierno Clara Brugada, eliminó la posibilidad de herir o matar animales durante estos eventos. El decreto fue publicado el 25 de marzo de 2025 en la Gaceta Oficial de la Ciudad de México, marcando el fin de una era de crueldad institucionalizada.

"Este aniversario 80 es amargo para los taurinos porque representa el fin de un modelo que durante décadas normalizó la tortura de seres sintientes. Pero para quienes defendemos los derechos de los animales, es un momento para celebrar, porque marca el inicio de una nueva etapa donde la vida de estos individuos tiene valor más allá del entretenimiento humano", expresa Arturo Berlanga, abogado y director de AnimaNaturalis en México.

La nueva ley establece que las corridas de toros, novilladas y rejoneo deben realizarse "sin violencia", es decir, sin causar lesiones ni la muerte a los animales. Quedan prohibidos el uso de puyas, banderillas, estoques, descabellos y puntillas. Solo se permite el capote y la muleta, los cuernos del animal deben ser protegidos para evitar heridas, y el tiempo de actuación se limita a 15 minutos por cada individuo, con un máximo de seis por evento. Al finalizar, el animal debe ser devuelto a la ganadería.

La plaza que fue construida en apenas nueve meses entre 1945 y 1946, diseñada por el ingeniero Modesto C. Rolland bajo el proyecto del empresario Neguib Simón Jalife, tiene un aforo de 41.262 localidades y su ruedo se encuentra a 20 metros por debajo del nivel de la calle. Durante 80 años, esta estructura monumental —bendecida en febrero de 1946 por el arzobispo de México Luis María Martínez— ha sido testigo de la matanza de decenas de miles de animales en nombre de la tradición y el entretenimiento.

Ahora, el recinto más importante de la tauromaquia mundial enfrenta un vacío: no puede celebrar su aniversario con las corridas sangrientas que los empresarios taurinos habían planeado. El sector taurino ha manifestado que las corridas sin muerte "desvirtúan" la fiesta brava y que no aceptarán esta "pantomima", según declaraciones de Raúl Pérez Johnston, presidente del Comité Jurídico de Tauromaquia Mexicana.

Ocho décadas de sufrimiento institucionalizado

Durante 80 años, la Plaza México ha sido el escenario de una forma de violencia ritualizada y socialmente aceptada. Los datos del estudio Bienestar animal en las corridas de toros, elaborado en 2017 por la Procuraduría Ambiental y del Ordenamiento Territorial de Ciudad de México (PAOT), documentaron que durante una corrida, los animales sufren cambios fisiológicos extremos derivados de las estocadas y perforaciones que lesionan sus órganos internos.

La investigación concluyó que estos individuos son sometidos a estímulos nocivos de dolor y sufrimiento de forma sistemática, y que su muerte ocurre por asfixia o pérdida de sangre, de forma lenta y sin pérdida de conciencia. En otras palabras, cada animal muere siendo plenamente consciente de su propio sufrimiento.

Más allá del dolor físico durante los aproximadamente 20 minutos que duraba tradicionalmente una corrida, los animales destinados a estos espectáculos experimentan estrés desde su traslado. El transporte en camiones estrechos y oscuros, la exposición a un ambiente hostil con miles de personas gritando, y el miedo constante a ser heridos generan un estado de angustia permanente que viola todos los principios básicos del bienestar animal.

"Las corridas de toros siempre han sido ilegales bajo el marco jurídico federal, ya que violan la Norma Oficial Mexicana sobre métodos de matanza humanitaria. Lo que ha permitido que continúen durante décadas es la impunidad y la corrupción, no la legalidad", sostiene Berlanga.

El director de AnimaNaturalis señala que la reforma constitucional mexicana que elevó a rango constitucional la protección de los animales en 2024 dejó claro que estos individuos son seres sintientes merecedores de trato digno. Sin embargo, advierte que el texto incluye criterios ambiguos que podrían ser utilizados por los explotadores para justificar prácticas como las corridas al considerar la "naturaleza, características y vínculo con las personas" como base para protegerlos.

La decisión del Congreso de la Ciudad de México no surgió de la nada. El 10 de junio de 2022, el juez Jonathan Bass del Juzgado Primero de Distrito en Materia Administrativa otorgó una suspensión definitiva a las corridas de toros tras un proceso iniciado por la asociación civil Justicia Justa. La organización argumentó que estas prácticas constituyen maltrato animal y violan la Ley para Celebración de Espectáculos Públicos en la Ciudad de México.

Sin embargo, en diciembre de 2023, la Segunda Sala de la Suprema Corte de Justicia de la Nación revocó la suspensión, permitiendo el regreso de las corridas en enero de 2024. Esta decisión generó indignación entre las organizaciones defensoras de animales y activó una respuesta ciudadana sin precedentes.

El 1 de septiembre de 2024, el movimiento México Sin Toreo, integrado por 82 organizaciones, presentó una iniciativa ciudadana con 27.442 firmas validadas por el Instituto Electoral de la Ciudad de México (IECM), superando ampliamente el 0.25% requerido de la lista nominal electoral. Esta presión ciudadana obligó a las autoridades a actuar.

Un cambio de paradigma en México y el mundo

La prohibición en la Ciudad de México no es un caso aislado, sino parte de un movimiento nacional e internacional que está redefiniendo la relación entre humanos y animales no humanos. En México, seis estados han prohibido completamente las corridas de toros antes de la reforma capitalina.

Sonora fue pionero en 2013, convirtiéndose en el primer estado mexicano en prohibir estos espectáculos mediante una reforma a su Ley de Protección a los Animales. Le siguió Guerrero en julio de 2014 con su Ley de Bienestar Animal, que además prohibió el uso de animales en circos y las peleas de perros. Coahuila se sumó en agosto de 2015, cuando el gobernador Rubén Moreira Valdez afirmó proféticamente que "los días de las corridas de toros en México y en el mundo están contados".

Quintana Roo se unió en junio de 2019 al reformar su Ley de Protección y Bienestar Ambiental para prohibir corridas de toros, vaquillas, becerros y peleas de gallos. Sinaloa lo hizo en enero de 2022, pese a la oposición del entonces gobernador Quirino Ordaz Coppel, quien intentó vetar las modificaciones sin éxito.

El avance más reciente ocurrió el 2 de abril de 2025, cuando el Congreso de Michoacán aprobó con 19 votos a favor, nueve en contra y ocho abstenciones la prohibición total de las corridas de toros, convirtiéndose en el séptimo estado en dar este paso. La reforma, impulsada por la diputada Giulianna Bugarini y respaldada por México Sin Toreo, modifica la Ley de Derechos, Bienestar y Protección de los Animales del estado para eliminar excepciones que permitían estos espectáculos.

"Michoacán es un precedente histórico porque es un estado con fuerte tradición ganadera taurina. Que hayan tomado esta decisión demuestra que la sociedad mexicana está evolucionando y rechazando la normalización del sufrimiento animal como entretenimiento", añade Berlanga.

Además de estos siete estados, varios municipios en entidades como Veracruz (Xalapa, Fortín de las Flores, Teocelo, Boca del Río y el puerto de Veracruz) han prohibido localmente las corridas. En Chihuahua, la capital del estado las prohibió por sentencia de un tribunal federal, aunque siguen siendo legales en el resto de la entidad.

Por el contrario, estados como Aguascalientes, Tlaxcala, Hidalgo y Zacatecas han declarado la tauromaquia como patrimonio cultural, evidenciando las profundas divisiones que aún existen en el país respecto a esta práctica.

A nivel internacional, el precedente de la Ciudad de México sigue el modelo implementado en Quito, Ecuador, donde también se prohibió herir o matar animales en las corridas. Sin embargo, el caso español de las Islas Baleares sirve como advertencia: en 2017 se aprobó una ley similar que limitaba las prácticas tradicionales, pero en 2018 el Tribunal Constitucional la declaró inconstitucional, argumentando que invadía competencias estatales sobre patrimonio cultural.

El respaldo presidencial y la voz de la sociedad

El papel de la presidenta Claudia Sheinbaum ha sido fundamental en este proceso. El 12 de marzo de 2025, durante su conferencia matutina en Palacio Nacional, Sheinbaum expresó su respaldo a un modelo de tauromaquia que elimine el maltrato y la muerte del animal. "La cultura cambia. Podemos preservar tradiciones sin dañar. Es tiempo de revisar nuestras tradiciones y asegurarnos de que estén en consonancia con nuestros valores y principios actuales", afirmó la mandataria.

Sheinbaum señaló que la Constitución es clara al prohibir el maltrato animal y enfatizó la necesidad de alinear las tradiciones culturales con los principios de bienestar animal y derechos reconocidos constitucionalmente. Su postura fue determinante para que la jefa de Gobierno de la Ciudad de México, Clara Brugada, encontrara el respaldo político necesario para impulsar la reforma.

El reconocimiento a este trabajo llegó en diciembre de 2025, cuando la organización PETA Latino nombró a Claudia Sheinbaum como Persona del Año 2025 por las reformas de protección animal implementadas durante su primer año de gobierno. Alicia Aguayo, directora de PETA Latino, declaró: "Si más líderes siguieran los pasos compasivos de la presidenta Sheinbaum y trataran el maltrato animal como la grave amenaza para la sociedad que es, el mundo sería un lugar más humanitario".

El respaldo ciudadano a estas medidas es contundente. Una encuesta realizada por Enkoll en marzo de 2025 con 604 participantes mayores de 18 años en la Ciudad de México reveló que el 76% de las personas considera que la prohibición de las corridas con violencia debería aplicarse en todo el territorio nacional, mientras que el 80% considera a las corridas de toros como un acto de maltrato animal.

Estos datos contrastan radicalmente con el argumento de los defensores de la tauromaquia, quienes sostienen que se trata de una tradición arraigada en la cultura mexicana. La realidad es que México ha intentado descolonizar su entretenimiento desde el siglo XIX: en 1867, Benito Juárez vetó las corridas argumentando que debían abolirse "todo espectáculo o las corridas de toros que denigren al animal o a cualquier ser vivo". En 1916, Venustiano Carranza las prohibió en el Distrito Federal.

"La tauromaquia no es parte de nuestra identidad indígena, es una herencia colonial que normalizó la violencia como espectáculo. México lleva siglos intentando liberarse de esta práctica degradante", subraya Berlanga.

Los argumentos taurinos y su desmontaje sistemático

La industria taurina ha respondido a estas prohibiciones con tres argumentos principales: el impacto económico, la preservación cultural y el riesgo de extinción del toro de lidia. Sin embargo, estos argumentos no resisten el análisis riguroso.

El argumento económico sostiene que la tauromaquia genera empleos y derrama económica significativa. Tauromaquia Mexicana, representada por Manuel Sescosse y José Saborit, afirma que las 4.650 corridas anuales en México generan más de 800 millones de pesos en impuestos y sostienen 80.000 empleos directos. Sin embargo, estas cifras han sido cuestionadas por su falta de transparencia y verificación independiente.

Berlanga cita una entrevista de 2016 donde Miguel Alemán y Rafael Herrerías, entonces administradores de la Plaza México, reconocieron que llevaban más de una década en números rojos. "No lo decimos nosotros, lo dijeron ellos mismos. La tauromaquia genera pérdidas. Es el gusto sádico de un grupo de personas con mucho dinero", señala el director de AnimaNaturalis.

El Censo Agropecuario 2022 revela que solo 6.516 toros (5.5% del total) se venden anualmente para espectáculos en México. En Michoacán, por ejemplo, se realizaban apenas tres corridas al año con ingresos menores a 500.000 pesos mexicanos, una cifra marginal en comparación con otros eventos de entretenimiento.

El argumento cultural, que presenta la tauromaquia como patrimonio inmaterial de México, también ha sido refutado sistemáticamente. La UNESCO rechazó en 2020 declarar la tauromaquia como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad. Más significativamente, la Suprema Corte de Justicia de la Nación estableció en 2018 que "cualquier práctica que suponga el maltrato y el sufrimiento innecesario de los animales no puede considerarse una expresión cultural amparada por el derecho a la participación en la vida cultural".

En 2022, la SCJN invalidó el decreto de Nayarit que declaraba las corridas de toros y las peleas de gallos como patrimonio cultural inmaterial, argumentando que los animales son "merecedores de un trato decente". Esta decisión estableció un precedente legal crucial: la tradición no justifica el maltrato.

El argumento sobre la extinción del toro de lidia es quizás el más fácil de desmontar. Los toros de lidia son una raza creada artificialmente mediante selección genética (Bos taurus) para ser utilizados en espectáculos. No son una especie silvestre en peligro de extinción, sino el resultado de la intervención humana destinada a producir animales con características específicas de agresividad.

"El argumento de la extinción es falaz. Los toros de lidia son animales domesticados que pueden vivir perfectamente en santuarios o ser reintegrados a ganaderías de carne o leche. No desaparecerán, simplemente dejarán de ser torturados", explica Berlanga.

El sufrimiento invisible: más allá de la sangre

La reforma de la Ciudad de México, aunque celebrada como un avance significativo, ha generado preocupación entre las organizaciones defensoras de animales porque permite la continuación de espectáculos taurinos "sin violencia". Esta figura jurídica, aunque prohíbe herir o matar al animal, no elimina completamente su sufrimiento.

"Los taurinos no aceptarán una pantomima como parte de su tradición y los defensores de los animales no nos quedaremos de brazos cruzados tampoco. Esta propuesta no satisface a nadie, pero sabemos que en política se suele tomar el camino intermedio entre lo correcto e incorrecto. Es nuestro trabajo seguir presionando para un futuro sin maltrato animal", advierte Berlanga.

Incluso en los espectáculos "sin violencia", los animales experimentan estrés extremo. El transporte en condiciones inadecuadas, la exposición a ruido ensordecedor, las multitudes, y el hostigamiento durante el espectáculo generan un estado de miedo y angustia que, aunque no deje heridas visibles, constituye una forma de maltrato psicológico.

Roberto Vieto, asesor de Bienestar Animal de World Animal Protection, señaló tras la aprobación de la reforma: "La aprobación de corridas de toros sin violencia es un avance importante, pero no podemos ignorar el sufrimiento que aún padecen los toros en estos eventos. El transporte, el estrés y la exposición a un ambiente ruidoso y estresante siguen siendo un problema grave".

Además, existe el riesgo de lesiones internas y fracturas que no son visibles pero que causan dolor significativo. Los movimientos bruscos, giros y embestidas pueden provocar daños musculares, articulares y óseos que el animal sufre en silencio. La presión de las 15 minutos de "espectáculo" sobre el cuerpo de un animal puede generar consecuencias físicas duraderas.

Un llamado a la acción nacional

El aniversario 80 de la Plaza México representa una oportunidad histórica para que México complete la transición hacia un modelo de entretenimiento que no esté basado en el sufrimiento animal. Si bien siete estados y la Ciudad de México han dado pasos significativos, aún quedan 25 estados donde las corridas de toros continúan sin restricciones.

"Sabemos que los taurinos no van a cesar de mover sus influencias para regresar a unas corridas de toros sangrientas y crueles. Por nuestra parte, no cesaremos tampoco hasta que ningún animal sea explotado y utilizado como mera diversión para un puñado de personas", afirma Berlanga.

La prohibición total de la tauromaquia en México requiere una reforma a nivel federal que armonice las leyes de todos los estados y elimine las inconsistencias que actualmente permiten que algunos animales sean protegidos mientras otros continúan siendo explotados. También es necesario abordar otros espectáculos que, aunque no implican sangre o heridas visibles, causan estrés, posibles lesiones internas y fracturas en los individuos utilizados.

El director de AnimaNaturalis subraya que la violencia hacia los animales es un detonante de violencia social, y que México, que ocupa el primer lugar en Latinoamérica en maltrato animal según datos de la organización, necesita una transformación cultural profunda que reconozca a todos los animales como seres sintientes con derecho a una vida libre de sufrimiento.

El camino recorrido desde aquella inauguración el 5 de febrero de 1946 hasta este aniversario 80 sin corridas sangrientas demuestra que el cambio es posible. Lo que alguna vez fue normalizado como entretenimiento legítimo es hoy reconocido por una mayoría social como crueldad institucionalizada. La Plaza México, testigo de ocho décadas de sufrimiento, podría convertirse en símbolo de una nueva era donde la compasión prevalezca sobre la tradición.

Firma la petición: Que la prohibición llegue a todo México

El 5 de febrero de 2026 marca un hito amargo para la tauromaquia, pero esperanzador para la vida de miles de animales. Sin embargo, el trabajo no ha terminado. Miles de individuos continúan siendo explotados en corridas de toros, jaripeos, rejoneo y otros espectáculos en 25 estados de México donde estas prácticas siguen siendo legales.

Es momento de que la presidenta Claudia Sheinbaum, quien ha demostrado compromiso con la protección animal, extienda la prohibición de las corridas de toros con violencia a todo el territorio nacional. No solo aquellas donde hay sangre y muerte, sino también los espectáculos que, aunque no dejan heridas visibles, someten a los animales a estrés extremo, posibles lesiones internas, fracturas y sufrimiento psicológico.

 

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